lundi 22 juillet 2013
Eso que ven a lo lejos es mi dignidad perdida. Saluden.
Tendría que poner un cartel a este blog antes de entrar, como aviso: "Leer bajo su propia responsabilidad, peligro de dramatismo y minitehs". Posta les recomiendo que solo entren a la madrugada, cuando estén tomando un té y escuchando algún tema depre como "Creep", pensando en alguien que se les murió o en todas esas materias que recursaron o cuánto aumentó el kilo de pan y cómo van a vivir con sus papás hasta los 38, así se terminan de cortar las venas con gusto. ♥
Hablo más
Vivo con la frustración del síndrome de "la hoja en blanco" en todos los aspectos de mi vida.
Si tuviera que elegir una frase o palabra para definirme actualmente, como en "Comer, Rezar, Amar", no sería Attraversiamo, no, sería "no sé"... Y esos días de pleno entendimiento con la duda, quisiera salir de mi cuerpo para ver lo que se siente tener aunque sea por un minuto las ideas ordenadas. Sé que me estoy autoexigiendo demasiado, y tener eso claro, paradójicamente, me confunde más. Lo lindo es que cuando me convenzo de sentir el presente, me pongo feliz de vivir como estoy viviendo, aunque no tenga ni la más puta idea de qué hacer después.
Pero me frustra ser tan inútil, no puedo evitarlo, y es un gran pero.
Si tuviera que elegir una frase o palabra para definirme actualmente, como en "Comer, Rezar, Amar", no sería Attraversiamo, no, sería "no sé"... Y esos días de pleno entendimiento con la duda, quisiera salir de mi cuerpo para ver lo que se siente tener aunque sea por un minuto las ideas ordenadas. Sé que me estoy autoexigiendo demasiado, y tener eso claro, paradójicamente, me confunde más. Lo lindo es que cuando me convenzo de sentir el presente, me pongo feliz de vivir como estoy viviendo, aunque no tenga ni la más puta idea de qué hacer después.
Pero me frustra ser tan inútil, no puedo evitarlo, y es un gran pero.
lundi 6 mai 2013
La inmolación por la belleza por Marco Denevi
El erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados, en matorrales sombríos, sin hablar con nadie, siempre solitario y taciturno, siempre triste, él, que en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás. Sólo se atrevía a salir a altas horas de la noche y, si entonces oía pasos, rápidamente erizaba sus púas y se convertía en una bola para ocultar su rubor.
Una vez alguien encontró una esfera híspida, ese tremendo alfiletero. En lugar de rociarlo con agua o arrojarle humo –como aconsejan los libros de zoología-, tomó una sarta de perlas, un racimo de uvas de cristal, piedras preciosas, o quizá falsas, cascabeles, dos o tres lentejuelas, varias luciérnagas, un dije de oro, flores de nácar y de terciopelo, mariposas artificiales, un coral, una pluma y un botón, y los fue enhebrando en cada una de las agujas del erizo, hasta transformar a aquella criatura desagradable en un animal fabuloso.
Todos acudieron a contemplarlo. Según quién lo mirase, semejaba la corona de un emperador bizantino, un fragmento de la cola del Pájaro Roc o, si las luciérnagas se encendían, el fanal de una góndola empavesada para la fiesta del Bucentauro, o, si lo miraba algún envidioso, un bufón.
El erizo escuchaba las voces, las exclamaciones, los aplausos, y lloraba de felicidad. Pero no se atrevía a moverse por temor de que se le desprendiera aquel ropaje miliunanochesco. Así permaneció durante todo el verano. Cuando llegaron los primeros fríos, había muerto de hambre y de sed. Pero seguía hermoso.
lundi 25 mars 2013
Mirá no tan lejos.
Respiro. Inhalo. Exhalo. No
pienses, no pien… ¿Por qué no me quiere? No. No empieces. Concentrate en
respirar. La calle está especialmente vacía hoy. Voy arrastrando mis pies mirando
el pavimento. Observo cómo mi respiración se convierte en aire blanco delante
de mí en cada exhalación. El frío invierno es una proyección de mi frío corazón.
Intentando despejar la mente, miro las nubes, los grises edificios, mis propios
pensamientos. Pero a pesar de lo mucho que lo intento, sigue apareciendo. En
cada cosa que hago, lo veo. Lo tengo memorizado, cada rasgo, casa gesto, cada
detalle… Su imagen invoca la memoria de cada milésima de segundos compartidos,
cada recuerdo doloroso que quisiera enterrar. Pero así funcionaba. No era a él
a quién quería enterrar en el fondo de mi mente. Era a mí y a la imagen que
tenía de él. Él, que era totalmente ajeno a mi dolor. Mi dolor por él y por mí.
No pienses. El aire entrando a mis pulmones. El tórax inflándose, el aire
expulsado. ¿Por qué no puedo ser mejor? No. Respira. Cuando mis pensamientos
iban por caminos demasiado dolorosos para ser enfrentados, mi cabeza daba un
salto de alarma. Fuera como fuere, el dolor ya estaba instalado. Era mi
compañero de viaje. Me senté en un banco, adentrado en la plaza. Lo más lejos
posible de la gris civilización. Estaba en medio de la ciudad de Buenos Aires,
pero necesitaba soñar que estaba lejos. Respirá.
Cierro los ojos, y lo veo. Los
abro, inmediatamente, y sin embargo, él sigue ahí. Está al lado mío, me mira y
me sonríe. Cierro los ojos horrorizada, esperando que mi cabeza deje de dar vueltas.
Respiro.
Abro los ojos lentamente deseando abrirlos y que mi mundo haya
cambiado. Pero él me sigue mirando. Y ya no soporto el silencio.
-No quiero.
-¿No? – Me mira socarronamente.
Él sabe perfectamente que quiero.
-No. Estoy cansada de sufrir.
-Eso es decisión tuya. Pero eso
lo sabés bien.
-¿Y qué importancia tiene lo que sepa o deje de saber? No importa nada. Vos seguís apareciendo.
-¿Y qué importancia tiene lo que sepa o deje de saber? No importa nada. Vos seguís apareciendo.
-Porque vos querés que aparezca.
-…
-…
-¿Te doy miedo? – Me pregunta
-…
-Tomo eso como un sí.
Nos quedamos en silencio. Lo
miro enojada, pero él está mirando para otro lado, ignorándome. Me volteo
orgullosa.
-No sos la única que sufre por
mí. ¿Sabías?
-Hay muchas cosas que sé… -
murmuro.
-Que sabés, pero que no querés comprender.
No necesitaba sus sermones.
- Estás cansada de mí porque yo
te hago lidiar con lo que más te duele de vos. – Lo decía buscando hacerme
entrar en razón. ¿Por qué no paraba? Pero… ¿Quería yo que parara? –No me querés entender. Me echas la culpa a
mí. Pero sos vos el problema, por eso yo no debería existir.
Ya sabía todo eso y no quería
oírle, pero a pesar de todo, tampoco quería levantarme del asiento. Mi mente
era una contradicción sobre otra. Era él. Y me estaba hablando. Aunque fuera
parte mi imaginación… era su voz.
-Te negás a mirar otra cosa que
no sea a vos misma. Crees que me querés a mí, pero en realidad te amas a vos y
a tus miedos. Estás enamorada de tus miedos.
Deje de respirar. Porque por una
vez oía lo que me estaba diciendo.
Él sabía que había dado en el
clavo.
-Te negás a abandonarlos porque no
sabés cómo te va a tomar la gente si sos vos misma y no cómo vos crees que
ellos quieren que seas… -
-¿Y quién soy? ¿Eh? No me conozco,
y vos tampoco. Y no creas que lo hacés– Lo interrumpo enojada.
Él me mira paciente.
-Está bien. –acepto al final. –
Me conocés. Y sabés de mis miedos. Pero, ¿Ahora qué?
-Ahora solo falta que mires. Y que mires en serio a tu alrededor.
-Ahora solo falta que mires. Y que mires en serio a tu alrededor.
-Pero no veo nada…
-Eso es porque todavía querés
verme solamente a mí…
Y de pronto miro, y miro en
serio. Observo cómo el pasto gris y los tristes árboles van transformándose, y
se vuelven alegres. De pronto escucho a los pájaros cantar, el ruido de los
autos y de la gente al hablar, el cielo se ve celeste, y el sol comienza a
brillar. Incluso los edificios toman color. Escucho a alguien reír a lo lejos.
Y cierro los ojos para sentir el viento cálido en la cara y la piel. Estoy un
rato así, disfrutando. Hay mucho ruido afuera, pero nunca escuché tanto
silencio dentro mío. Abro los ojos sonriendo, quiero contarle. Pero él ya no
está.
No me entristece que se haya
ido, él siempre está conmigo. Pero ahora yo sé mirar. Eso me hace recordar sus
palabras. “No sos la única que sufre…”. Busco
con la mirada el lugar que él observaba antes y yo estaba demasiado decidida a
ignorar. Y ahí lo veo, un joven de mi misma edad, mirándome. Le regalo una
sonrisa. El muchacho me sonríe y ambos sabemos que algo va a cambiar. Me
levanto del banco y sigo mi camino. Había muchas cosas que quería conocer de
mí. El muchacho podría esperar y yo podría esperarle a él, porque sabíamos que nos
volveríamos a encontrar. Pero primero debía encontrarme a mí misma. De eso
estaba segura.
Relacionado:
Conversaciones,
Cuentos Cortos,
Delirios :$,
Mi Poesia,
Monologos
samedi 1 décembre 2012
Reality
No quiero darte el gusto de demostrarte que me afectaste en lo más mínimo, ¿Sabés?
Al fin y al cabo, el enojo, la indiferencia pueden doler. Pero recibir una sonrisa cuando no la mereces a la larga duele mucho más. Si hice las cosas mal, pido disculpas. Pero ya está. Basta.
Me doy cuenta de que estuve equivocada toda mi vida. Este último tiempo me demostró, que mi idea de la felicidad no era exactamente tan correcta como pensaba. Me dí cuenta de que tenerle miedo a las situaciones de antemano no sirve de nada. Acostumbré a ponerle etiquetas en mi cabeza a las situaciones que sabía, que pensaba, que me iban a hacer mal. Pero ni bien superadas, tal vez en el mismo instante de producidas, me doy cuenta de que puedo ser más feliz que antes. Disfruto saber que todavía quedan cosas en mi vida por las cuáles luchar, ¿entienden? Me dan fuerza. Además, enfrentarme a mis miedos siempre me pareció lo más sano. A veces esta es la única forma que puedo enfrentarme a mí misma y darme cuenta, así, a baldazos de agua fría, qué es lo que quiero, qué es lo qué necesito, y qué es lo importante. Hay muchas formas de ver y hacer las cosas, y en este momento, quiero hacerlo a mi manera.
Al fin y al cabo, el enojo, la indiferencia pueden doler. Pero recibir una sonrisa cuando no la mereces a la larga duele mucho más. Si hice las cosas mal, pido disculpas. Pero ya está. Basta.
Me doy cuenta de que estuve equivocada toda mi vida. Este último tiempo me demostró, que mi idea de la felicidad no era exactamente tan correcta como pensaba. Me dí cuenta de que tenerle miedo a las situaciones de antemano no sirve de nada. Acostumbré a ponerle etiquetas en mi cabeza a las situaciones que sabía, que pensaba, que me iban a hacer mal. Pero ni bien superadas, tal vez en el mismo instante de producidas, me doy cuenta de que puedo ser más feliz que antes. Disfruto saber que todavía quedan cosas en mi vida por las cuáles luchar, ¿entienden? Me dan fuerza. Además, enfrentarme a mis miedos siempre me pareció lo más sano. A veces esta es la única forma que puedo enfrentarme a mí misma y darme cuenta, así, a baldazos de agua fría, qué es lo que quiero, qué es lo qué necesito, y qué es lo importante. Hay muchas formas de ver y hacer las cosas, y en este momento, quiero hacerlo a mi manera.
lundi 5 novembre 2012
Amor y Oxígeno
Tal vez sea a la única que le pasa esto, cada uno lo debe de vivir de maneras distintas.
Cuando siento mucho amor, experimento una sensación de alivio dentro mío muy e inexplicablemente gratificante. Como cuando uno nada por muchos minutos, conteniendo la respiración, y sale, y toma oxígeno... Como si fuera lo más delicioso que hubieras probado, como si tu cuerpo se llenara de vida, como si hubieras tenido un vacío todo este tiempo sin que te hubieras dado cuenta que vuelve a llenarse... Intento buscar dentro de mí un ejemplo más claro, pero me parece que es tan precisa la sensación que no me parece que haya más que aclarar.
Lastima que me dura tan poco.
Cuando siento mucho amor, experimento una sensación de alivio dentro mío muy e inexplicablemente gratificante. Como cuando uno nada por muchos minutos, conteniendo la respiración, y sale, y toma oxígeno... Como si fuera lo más delicioso que hubieras probado, como si tu cuerpo se llenara de vida, como si hubieras tenido un vacío todo este tiempo sin que te hubieras dado cuenta que vuelve a llenarse... Intento buscar dentro de mí un ejemplo más claro, pero me parece que es tan precisa la sensación que no me parece que haya más que aclarar.
Lastima que me dura tan poco.
samedi 27 octobre 2012
Narcisos
Tengo la necesidad de subir esto, porque me pareció muy lindo como para no compartirlo...
Es el prólogo del libro "El Alquimista" de Pablo Coelho.
"El Alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído. El volumen estaba sin las tapas, pero logró identificar a su autor, Oscar Wilde. Mientras lo hojeaba, encontró una historia sobre Narciso.
El Alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso muchacho que todos los días iba a contemplar su propia belleza en el lago. Estaba tan fascinado por sí mismo que un día cayó dentro del lago y murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor a la que llamaron narciso.
Pero no era así como Oscar Wilde ponía fin a la historia. Él decía que cuando Narciso murió, vinieron las Oréiadas-diosas del bosque- y vieron el lago transformado de un lago de agua dulce en un cántaro de lágrimas saladas.
-¿Por qué lloráis?-preguntaron las Oréiadas.
-Lloro por Narciso-respondió el lago.
-Oh, no nos extraña que lloréis por Narciso-prosiguieron diciendo ellas-. Al fin y al cabo, a pesar de que todas nosotras le perseguíamos siempre a través del bosque, vos erais el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
-Entonces, ¿era bello Narciso?-preguntó el lago.
-¿Quién sino vos podría saberlo?-respondieron, sorprendidas, las Oréiadas-. Después de todo, era sobre vuestra orilla donde él se inclinaba todos los días.
El lago se quedó inmóvil unos instantes. Finalmente dijo:
-Lloro por Narciso, pero nunca me había dado cuenta de que Narciso fuese bello.
-Lloro por Narciso porque cada vez que él se recostaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, mi propia belleza reflejada."
A veces tan ocupados estamos pensando y encerrándonos en nosotros mismos que no vemos que el otro puede estar pasando por lo mismo, sintiéndonos inútilmente solos, y podemos terminar perdiéndonos de la belleza que el mundo y las personas tiene para mostrarnos.
De todas formas cada uno lo interpreta como quiere, pero a mí me hizo pensar en eso.
Es el prólogo del libro "El Alquimista" de Pablo Coelho.
"El Alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído. El volumen estaba sin las tapas, pero logró identificar a su autor, Oscar Wilde. Mientras lo hojeaba, encontró una historia sobre Narciso.
El Alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso muchacho que todos los días iba a contemplar su propia belleza en el lago. Estaba tan fascinado por sí mismo que un día cayó dentro del lago y murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor a la que llamaron narciso.
Pero no era así como Oscar Wilde ponía fin a la historia. Él decía que cuando Narciso murió, vinieron las Oréiadas-diosas del bosque- y vieron el lago transformado de un lago de agua dulce en un cántaro de lágrimas saladas.
-¿Por qué lloráis?-preguntaron las Oréiadas.
-Lloro por Narciso-respondió el lago.
-Oh, no nos extraña que lloréis por Narciso-prosiguieron diciendo ellas-. Al fin y al cabo, a pesar de que todas nosotras le perseguíamos siempre a través del bosque, vos erais el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
-Entonces, ¿era bello Narciso?-preguntó el lago.
-¿Quién sino vos podría saberlo?-respondieron, sorprendidas, las Oréiadas-. Después de todo, era sobre vuestra orilla donde él se inclinaba todos los días.
El lago se quedó inmóvil unos instantes. Finalmente dijo:
-Lloro por Narciso, pero nunca me había dado cuenta de que Narciso fuese bello.
-Lloro por Narciso porque cada vez que él se recostaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, mi propia belleza reflejada."
A veces tan ocupados estamos pensando y encerrándonos en nosotros mismos que no vemos que el otro puede estar pasando por lo mismo, sintiéndonos inútilmente solos, y podemos terminar perdiéndonos de la belleza que el mundo y las personas tiene para mostrarnos.
De todas formas cada uno lo interpreta como quiere, pero a mí me hizo pensar en eso.
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